La meseta patagónica se vacía: Chubut enfrenta el abandono de medio millón de hectáreas productivas
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Más de 500.000 hectáreas del noreste de Chubut han quedado sin actividad productiva como consecuencia del cierre de más de 50 establecimientos ganaderos en los últimos tiempos. Lo que parece una estadística abstracta representa, en realidad, el fin de un modo de vida: familias con tres o cuatro generaciones de arraigo en la meseta patagónica que se vieron obligadas a abandonar sus campos ante la imposibilidad de sostener una actividad económicamente viable. Ricardo Irianni, presidente de la Sociedad Rural del Valle del Chubut, lo sintetizó con claridad: 'nadie cierra un campo porque quiere'.

La crisis tiene múltiples dimensiones. Por un lado, el estado crónico de deterioro de la infraestructura vial encarece los fletes y dificulta el traslado de lana y ganado a los centros de comercialización. Por otro, la deuda histórica del Estado con los servicios básicos en la región —salud, educación, conectividad— impulsa a las familias jóvenes a migrar hacia las ciudades costeras, rompiendo el tejido social que históricamente sostuvo la vida en la meseta. El abandono no es solo económico: tiene una dimensión cultural y territorial de enorme profundidad.
La ganadería ovina, actividad tradicional de la región, ha sufrido el doble golpe de inviernos cada vez más severos y precios deprimidos en el mercado internacional. Ante esta situación, muchos productores intentaron reconvertirse hacia la cría de vacunos, pero encontraron que los campos de la meseta no fueron diseñados para ese tipo de producción, lo que hace la transición técnicamente compleja y económicamente riesgosa sin una política de incentivos que acompañe el proceso.
El vaciamiento de estas tierras no es solo una pérdida productiva: representa una amenaza concreta a la soberanía territorial y al equilibrio ambiental de grandes extensiones sin vigilancia ni cuidado. Desde el sector rural se observa con frustración cómo otras industrias —como la minería en el norte del país— acceden a regímenes de incentivos y seguridad jurídica que el campo patagónico sigue reclamando sin respuesta. Si no median políticas urgentes de fomento al arraigo y la producción, el daño podría volverse irreversible para el mapa social de Chubut.
