Colza, cártamo y camelina transforman los cultivos de invierno y ganan espacio en las rotaciones argentinas
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La colza, el cártamo y la camelina están ganando protagonismo dentro de las estrategias de intensificación de las rotaciones agrícolas en Argentina. Durante el 34° Congreso Aapresid, productores, asesores y especialistas analizaron experiencias concretas con estas oleaginosas de invierno y destacaron sus posibilidades para mejorar el uso de los recursos, generar nuevas fuentes de renta y favorecer el cuidado del suelo. La incorporación de estos cultivos busca aprovechar períodos del año que tradicionalmente quedaban improductivos y, al mismo tiempo, diversificar los sistemas productivos.

Desde Bunge señalaron que intensificar la agricultura puede generar un doble impacto: reemplazar períodos de barbecho por cultivos que generan ingresos y contribuir a conservar más carbono en el suelo. La estrategia se vincula además con una agenda de descarbonización y transición energética, en la que el sector agropecuario puede tener un papel relevante como productor de materias primas para biocombustibles. En ese contexto, la medición de las emisiones de toda la cadena, el cuidado de la materia orgánica y la prevención del cambio en el uso del suelo aparecen como aspectos cada vez más importantes.
Uno de los mercados que genera expectativas es el del Sustainable Aviation Fuel, o combustible sostenible para aviación, que demandará grandes cantidades de aceites con baja huella de carbono. Para acceder a esas oportunidades no alcanza solamente con producir más: también será necesario demostrar cómo fueron producidas las materias primas y cuál es su impacto ambiental. Dentro de este esquema, el programa desarrollado con productores alcanzó en 2026 unas 160.000 hectáreas certificadas entre colza, cártamo y camelina. Las experiencias presentadas mostraron que las tres alternativas pueden adaptarse a diferentes regiones y aportar beneficios tanto productivos como ambientales.
Los casos concretos reflejaron diferentes ventajas. En zonas afectadas por sequías, el cártamo apareció como una herramienta para diversificar y construir sistemas más resilientes; uno de los grupos participantes llegó a destinar unas 15.000 hectáreas a este cultivo sobre un total de 20.000. La colza mostró rendimientos de hasta 30 quintales por hectárea en una experiencia del centro del país y dejó un suelo favorable para la infiltración del agua. En el sudeste bonaerense, la camelina permitió sumar un cultivo de invierno sin reducir significativamente el rendimiento de la soja de segunda y posibilitó adelantar la siembra. En conjunto, las experiencias muestran que estas oleaginosas pueden ocupar espacios vacíos de la rotación sin necesariamente reemplazar a los cultivos tradicionales.




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