La Rioja busca reinventar su olivicultura para sobrevivir entre la falta de agua, los costos y la competencia internacional
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La Rioja intenta sostener una de sus actividades productivas más tradicionales: la olivicultura. La provincia es considerada la cuna de la Arauco, única variedad de aceituna originaria de Argentina, cuya historia se remonta a la llegada de los primeros olivos a Sudamérica durante el siglo XVI. Desde entonces, el cultivo se convirtió en parte de la identidad económica y productiva riojana y contribuyó al desarrollo de una de las primeras agroindustrias del país.

Sin embargo, la actividad enfrenta actualmente una combinación de dificultades que obliga a productores y empresas a buscar nuevas estrategias. Los costos productivos aumentaron, la competencia internacional se intensificó y distintas enfermedades afectan a plantaciones tradicionales. A esto se suma la caída del precio de la aceituna y el fuerte incremento del costo de cosecha, que durante la última campaña llegó a representar el 35% del valor de la aceituna, frente a un promedio histórico que no superaba el 25%.
La disponibilidad de agua constituye otro de los grandes desafíos. La Rioja es la provincia más árida del país y más del 95% del riego utilizado por la producción proviene de perforaciones. Esto genera un fuerte impacto sobre la estructura de costos debido al consumo energético necesario para extraer y distribuir el agua: la energía representa aproximadamente entre el 40% y el 45% de los costos netos de la producción olivícola. La situación resulta particularmente paradójica porque la provincia genera, mediante parques solares y eólicos, más energía de la que consume, pero debe volcarla al sistema nacional y posteriormente comprar electricidad a precios de mercado.
Ante este escenario, la incorporación de tecnología aparece como una de las principales herramientas para mejorar la eficiencia. Algunas empresas ya utilizan riego por goteo automatizado, sensores de humedad y plataformas capaces de determinar cuándo y dónde aplicar agua. También avanzan los parques solares destinados a abastecer las propias explotaciones, la mecanización de las cosechas y sistemas productivos con mayor densidad de plantas. Paralelamente, crece el agregado de valor mediante aceites, vinos y nueces comercializados con marcas propias, además de proyectos de economía circular que aprovechan residuos del olivo y de la elaboración vitivinícola para producir compost y explorar alternativas como el biocarbón y la captura de carbono.




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