La citricultura entrerriana enfrenta una crisis de consumo que amenaza la próxima campaña
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La citricultura del norte de Entre Ríos atraviesa una de las etapas más difíciles de los últimos años, debido a la combinación de precios deprimidos, menor consumo interno y aumento de los costos productivos. La situación afecta especialmente al departamento Concordia y a las zonas cercanas, donde la actividad citrícola constituye desde hace décadas uno de los principales motores económicos. Marcos Dal Mazo, productor y dirigente de la Federación Agraria Argentina y de la Federación del Citrus de Entre Ríos, advirtió que los ingresos actuales ya no permiten sostener las inversiones necesarias para mantener en buenas condiciones las plantaciones. Según explicó, los productores reciben entre $40 y $50 por kilo de naranja en planta, un valor que apenas alcanza para afrontar los gastos cotidianos.

La preocupación se concentra especialmente en los meses de agosto y septiembre, cuando los productores deben comenzar tareas fundamentales para preparar la siguiente campaña. Fertilización, controles sanitarios, poda y manejo general de las quintas requieren recursos que hoy muchas explotaciones no tienen disponibles. Si esas labores se reducen, el impacto no necesariamente se verá de inmediato, pero puede aparecer en las cosechas futuras a través de menores rendimientos y plantas debilitadas. El problema es especialmente delicado en una actividad de largo plazo: recuperar una quinta que perdió productividad puede requerir varios años de trabajo e inversiones importantes. Por eso, la crisis de rentabilidad actual puede convertirse en un problema estructural para la continuidad de las plantaciones.
La importancia de la citricultura para Concordia excede ampliamente al productor individual. Durante buena parte del siglo XX, la ciudad fue reconocida como la capital citrícola del país y desarrolló alrededor de esta actividad una extensa cadena que incluyó empaques, frigoríficos, viveros, transportistas, exportadores e industrias dedicadas a jugos concentrados, aceites esenciales y otros derivados. Con el paso de los años, muchas empresas desaparecieron como consecuencia de distintas crisis económicas, cambios en los mercados internacionales, problemas cambiarios y pérdida de competitividad. Actualmente, el mercado interno representa uno de los principales puntos débiles: según Dal Mazo, absorbe apenas alrededor del 60% del volumen habitual, mientras que el transporte consume una proporción cada vez mayor de los ingresos del productor.
A la crisis comercial se suman los riesgos climáticos y sanitarios. Los productores vienen de enfrentar heladas y episodios de granizo, aunque los últimos eventos no generaron daños significativos. La amenaza más importante continúa siendo el HLB, una de las enfermedades más destructivas de los cítricos a nivel mundial. La Federación del Citrus de Entre Ríos mantiene tareas de monitoreo para detectar tempranamente posibles focos, pero la propia actividad de vigilancia requiere recursos que comienzan a escasear. Para el sector, recuperar el consumo y mejorar el precio recibido en origen resulta fundamental no solo para salvar la próxima campaña, sino para evitar que una actividad que genera más de 20.000 empleos directos e indirectos pierda capacidad productiva y termine deteriorando una parte fundamental de la economía regional entrerriana.




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