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El picante argentino conquista el paladar coreano

  • 28 oct 2025
  • 1 Min. de lectura

Lo que empezó como un proyecto gastronómico terminó en una aventura agroindustrial. La familia Ho, dueña del restaurante Una Canción Coreana, decidió producir su propio ají coreano —gochugaru— en el Valle de Lerma (Salta), dando origen a la marca Picor, la primera en cultivar esta variedad en Argentina.

Esta imagen podría tener derechos de autor
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El objetivo inicial fue asegurar la calidad y el abastecimiento del ingrediente base del kimchi y las salsas tradicionales coreanas. Pero el proyecto creció: con una inversión de USD 100.000 y tres cosechas exitosas, Picor ya está registrada para exportar y busca competir en mercados regionales y en Estados Unidos.


El emprendimiento simboliza una nueva tendencia en el agro argentino: la integración entre gastronomía y producción primaria, donde chefs y agricultores trabajan juntos para desarrollar ingredientes de nicho con valor agregado.


El “boom” de la comida asiática en América Latina impulsa este tipo de innovaciones. El gochugaru argentino combina técnicas locales con semillas híbridas importadas, logrando una calidad que seduce a consumidores y abre nuevos horizontes para la diversificación productiva.

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