MERCADOS & AGRO
FET Salta/Jujuy:$3.420/kg +3.4%
Virginia B1F Cl.1:US$ 4.82/kg +1.1%
Burley C2L:US$ 3.95/kg 0.0%
Dólar Exportación:$1.285,40 +0.6%
Soja Rosario:US$ 310/tn -0.8%
Maíz Rosario:US$ 182/tn +0.5%

Cuando el ERP habla el idioma de la empresa

Cómo el acompañamiento cercano, la comprensión del negocio y una intervención a tiempo permitieron encauzar una implementación crítica

ludonato8 min de lectura
Cuando el ERP habla el idioma de la empresa

Por María Soledad Audia

Las capacitaciones sobre los módulos del ERP ya habían comenzado. El equipo explicaba las funcionalidades del sistema y avanzaba con los contenidos previstos. Sin embargo, el cliente seguía sin estar convencido en una solución capaz de adaptarse a las necesidades reales de la empresa

Un ERP, sigla de Enterprise Resource Planning o Planificación de Recursos Empresariales, es un sistema de gestión que integra en una misma plataforma los principales procesos de una organización: compras, ventas, inventarios, contabilidad, finanzas, producción y administración, entre otros. Su verdadero valor no está solamente en reunir información, sino en conectar las distintas áreas y ofrecer una visión integrada del negocio.

El proyecto estaba siendo gestionado por un equipo del exterior, con conocimiento del sistema, pero con un abordaje principalmente modular. Todavía no se había trabajado con suficiente profundidad la localización argentina ni se conocían en detalle los procesos, las particularidades operativas y las necesidades concretas del cliente.

Las reuniones avanzaban, las pantallas se recorrían y las funciones se explicaban. Aun así, la inquietud crecía. El cliente entendía lo que hacía cada módulo, pero no lograba visualizar cómo realizaría sus propias operaciones dentro del ERP.

El sistema hablaba el idioma de sus funcionalidades. La empresa necesitaba que alguien pudiera traducirlas a la realidad de su negocio.

Mi incorporación al proyecto

Me convocaron para integrarme al equipo y trabajar principalmente en la localización argentina. Mi formación como Contadora Pública, sumada a mi experiencia en procesos, gestión de proyectos e implementaciones ERP, me permitía comprender tanto la lógica del sistema como las implicancias operativas, administrativas, contables y fiscales que debía contemplar una empresa local.

Comencé participando en cada una de las capacitaciones. Antes de proponer cambios, necesitaba observar qué estaba sucediendo, escuchar las preguntas del cliente y comprender por qué las respuestas ofrecidas no conseguían transmitirle seguridad.

Pronto advertí que el problema no se encontraba únicamente en la forma de capacitar. Existía una distancia entre la explicación funcional del ERP y la manera concreta en que la empresa desarrollaba sus actividades.

Algunos procesos y particularidades del negocio no habían sido relevados con la profundidad necesaria. Por eso, frente a determinadas consultas, las respuestas describían correctamente lo que el sistema podía hacer, pero no terminaban de explicar cómo resolvería la situación específica que preocupaba al cliente.

El proyecto había llegado a un punto crítico. Si continuábamos con la misma dinámica, podíamos completar las capacitaciones sin conseguir la aceptación del ERP. Ya no estaba en riesgo solamente el avance técnico: también estaban comprometidas la confianza del cliente y la viabilidad de la implementación.

Acompañar es estar cerca

Mi primera decisión fue acercarme al cliente.

El acompañamiento, en este caso, tuvo un significado muy concreto: estar cerca. Participar de cada encuentro, escuchar sin apresurar las respuestas, comprender los procesos y permanecer presente mientras el cliente analizaba las alternativas.

Reunión tras reunión, comencé a reconstruir su manera de trabajar. No me limité a preguntar qué necesitaba que hiciera el sistema. Busqué comprender por qué cada proceso se realizaba de determinada forma, qué información necesitaban las personas, qué controles debían preservarse, quiénes participaban y qué impacto podía producir cada cambio.

Estar cerca me permitió detectar preocupaciones que no aparecían en los documentos del proyecto y comprender necesidades que una explicación modular no alcanzaba a revelar.

El cliente encontró un espacio donde podía describir su realidad, plantear dudas y analizar situaciones concretas. Sentirse escuchado no resolvía por sí solo el problema, pero era una condición indispensable para construir una solución en la que pudiera confiar.

Escuchar tampoco significaba aceptar automáticamente cada pedido ni reproducir dentro del ERP todas las prácticas existentes. Significaba comprender la necesidad de fondo para evaluar cómo resolverla de la manera más conveniente.

Acompañar era comprender antes de proponer y permanecer cerca hasta que la solución pudiera funcionar para la empresa.

De explicar funcionalidades a presentar soluciones

Con la información obtenida, reorienté mi participación en las capacitaciones.

Cada encuentro comenzó a organizarse alrededor de casos de uso concretos del cliente. En lugar de presentar una función de manera aislada, partíamos de una operación real de la empresa y analizábamos cómo podía resolverse dentro del ERP.

Para cada necesidad preparé distintas alternativas. Explicaba qué podía resolverse utilizando el estándar, qué requería una configuración específica, qué proceso convenía revisar y cuáles eran las implicancias de cada opción.

No se trataba de imponer una única respuesta. Mi responsabilidad era brindar claridad y criterios para que el cliente pudiera comprender las posibilidades, evaluar sus efectos y tomar decisiones con mayor seguridad.

Esto marcó un punto de inflexión. El cliente dejó de recibir explicaciones generales y comenzó a encontrar respuestas relacionadas con su propia operación. El ERP dejó de presentarse como una estructura cerrada a la que debía adaptarse sin cuestionamientos y empezó a percibirse como una solución capaz de acompañar sus procesos.

La capacitación se transformó en un espacio de relevamiento, validación, análisis y decisión. Ya no se explicaban solamente funcionalidades: se trabajaba sobre necesidades reales y se presentaban alternativas viables.

El conocimiento aplicado al momento crítico

Resolver la situación exigió integrar diferentes conocimientos y utilizarlos en el momento adecuado.

La gestión de procesos me permitió mirar cada circuito de punta a punta y comprender cómo una decisión afectaba al resto de la operación. Mi formación contable fue clave para interpretar las particularidades locales, los controles y las implicancias administrativas y fiscales. La gestión de proyectos me ayudó a dimensionar la criticidad, establecer prioridades y ordenar las acciones necesarias.

La gestión del cambio permitió comprender que las dudas del cliente no debían interpretarse simplemente como resistencia. La organización estaba intentando anticipar cómo afectaría el ERP a su forma cotidiana de trabajar. Necesitaba respuestas, pero también cercanía, participación y acompañamiento.

El liderazgo fue necesario para articular esas dimensiones, sostener el diálogo y transformar una situación de incertidumbre en un proceso orientado a soluciones.

Mi aporte fue decisivo, no porque tuviera todas las respuestas de antemano, sino porque sabía cómo acercarme, qué preguntas hacer, cómo organizar la información y de qué manera convertir las necesidades del cliente en alternativas concretas.

El conocimiento profesional también se expresa en la capacidad de reconocer cuándo un enfoque dejó de ser suficiente y debe ser revisado.

La confianza se construyó con respuestas concretas

A medida que avanzaron los encuentros, el cliente comenzó a reconocer su operación dentro del ERP. Sus preocupaciones se transformaron en escenarios concretos y esos escenarios, en opciones que podían ser evaluadas.

La confianza no se recuperó mediante promesas ni intentando minimizar sus dudas. Se construyó porque cada inquietud fue escuchada, analizada y respondida desde la realidad de la empresa.

El cliente pudo comprobar que sus procesos eran comprendidos y que detrás de cada propuesta existía un criterio profesional. Ya no recibía únicamente información sobre el funcionamiento del sistema: se sentía acompañado para decidir cómo utilizarlo.

Ese acompañamiento permitió reducir la incertidumbre, recuperar la confianza y encauzar un proyecto que atravesaba una situación crítica.

El proyecto no cambió de rumbo porque explicamos más funcionalidades. Cambió porque el cliente dejó de sentirse solo frente al cambio.

La localización también es comprender el negocio

En los proyectos regionales, la localización suele asociarse principalmente con impuestos, documentos o configuraciones específicas de cada país. Sin embargo, su alcance es más profundo.

Localizar una solución también implica comprender cómo funciona una empresa dentro de su contexto: cómo registra sus operaciones, qué controles necesita, qué prácticas utiliza y cómo toman decisiones las personas que forman parte de ella.

Un ERP puede tener una estructura global, pero su implementación siempre ocurre en una organización concreta, con procesos, regulaciones y formas de trabajo propias.

Por eso, el conocimiento técnico del sistema es indispensable, aunque no suficiente. También se necesita una mirada capaz de conectar tecnología, procesos, personas y negocio.

Una enseñanza para las PyME

Cuando una empresa siente que el ERP no se adapta a su realidad, la primera reacción puede ser cuestionar la herramienta. En algunos casos, el problema puede estar en el sistema elegido. En otros, la dificultad se encuentra en cómo fueron relevados los procesos, cómo se comunicó la solución o cómo se acompañó a las personas durante la implementación.

Antes de concluir que un ERP no sirve, es necesario revisar si la organización tuvo la oportunidad de mostrar cómo trabaja, comprender las alternativas disponibles y participar en las decisiones que afectarán su operación.

Una PyME no necesita solamente un proveedor que conozca el sistema. Necesita consultores capaces de comprender su negocio, traducir las funcionalidades a situaciones reales y permanecer cerca durante las decisiones más importantes.

En este proyecto, el punto de inflexión apareció cuando dejamos de mirar únicamente el sistema y comenzamos a mirar la empresa.

El proyecto pudo encauzarse porque el cliente se sintió escuchado, comprendido y acompañado. Cada dificultad se transformó en una conversación orientada a soluciones.

Fue entonces cuando el ERP dejó de hablar únicamente el idioma de sus módulos y comenzó a hablar el idioma de la empresa.

Si tu PyME está por implementar un ERP, revisar sus procesos o avanzar con un proyecto tecnológico, en MSA GestCore podemos acompañarte de punta a punta.

Primero entendemos cómo trabaja tu empresa y qué necesita. Luego organizamos el proyecto, coordinamos a las personas involucradas, anticipamos riesgos y acompañamos cada decisión, desde las primeras definiciones hasta la puesta en marcha y adopción de la solución.

Datos de la autora:
Teléfono de contacto: 112380-3323
Página: msagestcore.netlify.app
Mail:msagestcore@gmail.com
Instagram: @msagestcore




Noticias relacionadas

La Cámara del Tabaco intimó a dos empresas y exige en 72 horas el pago de fondos adeudados
Tabaco
4 min

La Cámara del Tabaco intimó a dos empresas y exige en 72 horas el pago de fondos adeudados

La Cámara del Tabaco de Misiones inició una fuerte ofensiva para reclamar el ingreso de fondos correspondientes al Fondo Especial del Tabaco (FET). La entidad envió cartas documento a Espert S.A., con sede en Berazategui, Buenos Aires, y a Cigarrillos y Tabacos S.A., ubicada en San Salvador de Jujuy, y les otorgó un plazo de 72 horas para regularizar los importes que, según la denuncia de la Cámara, se encontrarían adeudados. La organización, presidida por Gustavo Omar Piñeiro, sostiene que el

Redacción AgroTabaco